A mi querida patufera,

Queda poco para que nazca tu hermano y me pregunto qué pasa por tu cabeza cuando me tocas la barriga y le hablas al bebé.

Hasta ahora he conseguido mantener lejos los miedos relacionados con los celos, regresiones y demás tópicos asociados a la llegada de un hermanito pero hay algo que sí me preocupa: nuestra complicidad.

Desde que naciste he sabido leerte e interpretarte sin ninguna dificultad. Estuvimos conectadas desde el minuto uno y reforzamos nuestra unión con una lactancia que hecho tanto de menos que me saltan las lágrimas cuando pienso en ella.

Ha sido todo tan fácil e intuitivo hasta ahora que me da miedo no saber seguir conectada a ti con otro bebé en mi pecho que no seas tú. Se me hace un nudo en la garganta solo de decirlo…

Y aunque seguramente no entiendes lo que significa, yo te lo repito cada vez que me pides que te atienda: tú siempre serás la primera, quien hizo de mi la persona que soy hoy, mi mejor versión, más fuerte, más empoderada… quien me hizo MADRE… ¡Fíjate hasta que punto eres especial!

La primera vez que pediste por mi con tu dulce “vull la mami”, algo que jamás habías hecho, me acojoné bastante. Ahí vi claro que entiendes más de lo que parece y que intuyes que cuando nazca el bebé no podré estar tanto por ti.

Y del ‘acojone’ inicial pasé a la aceptación. Me costó un poco hasta que decidí disfrutar de tu versión más cariñosa y asumir que va a ser así por un tiempo. No podré estar tanto por ti y tus momentos como hija única se iran pero eso no tiene porque ser malo. Ni bueno tampoco. Simplemente pasaremos a otra etapa y nos adaptaremos a ella juntas, como siempre hemos hecho.

Creo que pensar así es lo mejor que puedo hacer por ti porque debo estar bien para poder acompañarte cuando tú lo estés pasando mal. Y sé que lo harás. Es natural y necesario.

Así que solo me queda prometerte que voy a intentar estar tranquila por las dos y acompañarte con todo el amor y empatía que sé que soy capaz de darte.

T’estimo patufera meva,

Mama