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Un parto inducido no es lo que me hubiera gustado pero con una diabetes gestacional no controlada (me pinchaba insulina antes de ir a dormir) no pudimos esperar a que me pusiera de parto yo misma.

Tal y como conté en mi instagram, me hubiera podido negar a la inducción y pelearme con los protocolos del hospital pero no me veía con ánimos y decidí confiar en mi doctora.

¿Por qué era importante para mi ponerme de parto de forma natural?

Pues porque quería un parto menos medicalizado que el primero y la oportunidad de vivir el trabajo de parto en casa, a mi rollo, sin interrupciones y en la posición que yo quisiera. Para soportar las contracciones es básico poder moverte y estar tranquila y esto no es posible si estás enchufada a un gotero y con una monitorización constante.

Y así es como me encontraría si me inducían el parto. A diferencia del primer parto, esta vez me había informado, así que sabía perfectamente a lo que me enfrentaba. Y aunque sabes que puede pasar de todo y te prepares para lo que venga me puso muy triste ver que mi parto deseado se iba al traste.

Así empezó todo

Llegamos un sábado hacia las 9 de la mañana e ingresamos para la inducción. Dejamos a La Patu en casa de la abuela y no avisamos a nadie para poder centrarnos en lo que veníamos a hacer.

Nos pasan para la sala de dilatación, mi doctora me presenta a Paloma, una comadrona muy maja y cercana, que es quien nos acompañará durante todo el proceso.

Me ponen una vía con suero y glucosa (¡dichosa diabetes!) y me preguntan como quiero iniciar el parto: con oxitocina o rompiendo la bolsa amniótica. Este segundo procedimiento, conocido como amniorrexis, lo descarto porque aun tengo esperanzas de romper aguas por mi misma así que opto por la oxitocina.

Aunque las contracciones con oxitocina artificial duelen más que las que genera el cuerpo de forma natural, aun no son fuertes así que voy aguantando en la pelota.

Al cabo de 3 o 4 horas proponen la amniorrexis. Sigo decidida a esperar pero casi no he dilatado nada y es probable que con esta maniobra aceleremos el proceso. Hablo con mi gine, me explica bien lo que haremos y las opciones que tengo y decido hacerlo. Me alegro de mi decisión al momento porque es romper aguas y las contracciones empiezan a ser mucho más dolorosas y activas. Aguanto hasta las 14h, que ya empiezan a picar un poco más.

De camino a la epidural

Quería intentar un parto sin epidural o por lo menos ponérmela lo más tarde posible pero con el panorama que os contaré a continuación veréis que eso tampoco iba a ser posible.

Antes, un pequeño paréntesis sobre porque deseo parir sin epidural: tuve un primer parto tan medicalizado que no sentí nada, ni física ni emocionalmente, y como una cosa estuvo ligada a la otra no quería sentir que me perdía algo tan único y especial como es traer una vida al mundo. Y quien lo quiera comparar con algo tan trivial y anodino como sacarse una muela sin anestesia, cosa que me han dicho multitud de veces, adelante.

Llegados a este punto las contracciones duelen mucho y casi no tengo tiempo de recuperarme entre una y otra. Quiero moverme y probar con el agua caliente de la ducha para hacer el dolor más llevadero pero no me dejan.

Con la vía por un lado y la monitorización constante del bebé no puedo andar ni elegir con qué posición me encuentro más cómoda así que ya no aguanto el dolor de las contracciones y pido la epidural.

Se supone que la epidural puede hacer que el parto se detenga pero al igual que en mi primer parto al rato de ponermela paso de los 4cm a los 6cm.

Llega la hora de pujar

Al estar en dilatación completa ya puedo pujar y lo hago super bien acompañada por la matrona y mi gine, Laura, que me animan un montón porque con 4.130 de bebé cuesta un poco sacarlo. Este momento fue maravilloso, mi gine no me hizo episiotomía, cosa que me permitió recuperarme mil veces mejor que en el primer parto, y llevaba la epidural justa para poder notarlo todo.

Esta vez #elpatupapi pudo aguantar grabando sin marearse, yo misma saqué al patu baby y no nos movimos de la sala de dilatación, cosa que también me encantó porque no tenía demasiado buen recuerdo del quirófano.

Aunque este parto también fue medicalizado, no ha tenido nada que ver con el primero. Esta vez me trataron con respeto, me sentí acompañada e hicieron lo posible para que tuviera una buena experiencia.

Lo que no me esperaba es que tendría una recuperación tan buena y rápida, un parto vaginal de un niño de 4 quilos y ¡solo un puntito debido a un pequeño desgarro! ¿Quien dijo que no podemos parir niños grandes? 😉

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